Traducciones de poemas de Pier Paolo Pasolini
Los italianos
La inteligencia no tendrá nunca peso, nunca
en el juicio de esta opinión pública.
Ni siquiera sobre la sangre de los campos de exterminio, conseguirás
de una de las millones de almas de nuestra nación,
un juicio claro, totalmente indignado:
irreal es cada idea, irreal cada pasión,
de este pueblo ya desintegrado
desde hace siglos, cuya dulce sabiduría
sirve para vivir, nunca lo hizo libre.
Mostrar mi rostro, mi delgadez-
elevar mi única voz infantil-
no tiene más sentido: la cobardía está acostumbrada
a ver morir de la manera más atroz
a los otros, en la más extraña indiferencia.
Yo muero, y también esto me afecta.
Sin ti regresaba, como borracho,
ya incapaz de estar solo, de noche
cuando las nubes cansadas se desvanecen
en la incierta oscuridad.
Miles de veces he estado tan solo
desde que vivo, y mil noches idénticas
han eclipsado ante mis ojos la hierba, las montañas,
los prados, las nubes.
Solo durante el día y después en el silencio
de la aciaga noche. Y ahora, embriagado,
vuelvo sin ti, y a mi costado
está únicamente mi sombra.
Y estarás lejos mío miles de veces
y luego, para siempre. Yo no sé detener
esta congoja que cabalga en el pecho;
estar solo.
Imagen amorosa
Idolo de carne tenue, mis aflicciones.
La luz se pone, la sombra se estira
hasta las apenadas viñas, tu cálido amor
se enciende bajo los cabellos, y alrededor
en el horizonte cerrado, tiene dulces ecos
en los sonidos de las cosas: pájaros, fuentes
y casas, y setos, y gritos de niños amorosos.
Te sostiene el prado, se quema con la tierra
tu rostro, tu jadeo es el viento, y, sereno
el cansancio de los hombres.
Y yo estoy impedido, entre tanto, debido al celeste
giro de estas cosas. Siento y no vivo.
Sobre ti anida dulce la sombra
de la tarde... Pero me encuentro, entonces, y fuerza
hay en mi faz.
Pier Paolo Pasolini (Traducciones al español por Daniel Pérez Segura)
Versioni Originali
Gli italiani
L'intelligenza non avrà mai peso, mai
nel giudizio di questa pubblica opinione.
Neppure sul sangue dei lager, tu otterrai
da uno dei milioni d'anime della nostra nazione,
un giudizio netto, interamente indignato:
irreale è ogni idea, irreale ogni passione,
di questo popolo ormai dissociato
da secoli, la cui soave saggezza
gli serve a vivere, non l'ha mai liberato.
Mostrare la mia faccia, la mia magrezza -
alzare la mia sola puerile voce -
non ha più senso: la viltà avvezza
a vedere morire nel modo più atroce
gli altri, nella più strana indifferenza.
Io muoio, ed anche questo mi nuoce
Senza di te tornavo
Senza di te tornavo, come ebbro,
non più capace d'esser solo, a sera
quando le stanche nuvole dileguano
nel buio incerto.
Mille volte son stato così solo
dacché son vivo, e mille uguali sere
m'hanno oscurato agli occhi l'erba, i monti
le campagne, le nuvole.
Solo nel giorno, e poi dentro il silenzio
della fatale sera. Ed ora, ebbro,
torno senza di te, e al mio fianco
c'è solo l'ombra.
E mi sarai lontano mille volte,
e poi, per sempre. Io non so frenare
quest'angoscia che monta dentro al seno;
essere solo.
Immagine amorosa
Idolo di tenue carne, mi travagli.
Tramonta luce, l’ombra s’allunga
alle penose vigne, tuo caldo d’amore
s’accende sotto i capelli; e, intorno,
entro chiuso orizzonte, ha dolci echi
nei suoni delle cose: uccelli, fonti,
e case e siepi e grida di fanciulli amorosi.
Ti tiene il prato, s’incendia con la terra
il tuo viso, il tuo ansito è il vento, e, serena,
la fatica degli uomini.
Ed io sono precluso, intanto, dal celeste
giro di queste cose. Sento e non vivo.
Sopra di te dolce s’annida l’ombra
della sera... Ma mi ritrovo, poi, e forza
è nel mio viso.
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